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Módulo 2 de 5

Control de acceso sin fila en la reja

El residente preavisa desde su celular y el visitante llega con un código de un solo uso. El vigilante lo valida en un toque y el ingreso queda registrado con la hora del servidor, la vivienda de destino y quién autorizó.

Sin código QR, a propósito: en la reja, un número que se dice en voz alta gana siempre.

Los dos caminos por los que entra un visitante

Todo control de acceso de un conjunto residencial se reduce a dos situaciones. La primera se puede preparar; la segunda ocurre con alguien de pie esperando. Están resueltas por separado porque son problemas distintos.

1. La visita anunciada

El residente abre la aplicación, escribe el nombre de quien va a llegar y confirma. El sistema devuelve un código corto —V-8421— que el residente le pasa a su visitante por el medio que ya usa: un mensaje, una llamada, un audio. Vence a las cuatro horas por defecto, y el conjunto puede ajustar ese plazo.

En la reja, el visitante dice el código. El vigilante lo digita en un teclado grande y la pantalla le confirma a quién visita y a qué vivienda va. El código queda consumido en ese instante: no sirve para un segundo ingreso, ni el mismo día ni nunca.

Si el visitante llegó sin el código a mano, la cédula funciona igual: el preaviso se busca por número de documento y la validación es la misma.

2. El visitante que llega sin anunciarse

Es el caso incómodo de toda portería: alguien en la reja que dice ir a la 1102 y un vigilante que no puede confirmarlo ni negarlo. El citófono a veces no lo contestan, y cuando lo contestan la conversación es a gritos con la fila detrás.

Aquí el vigilante registra al visitante, escoge la vivienda y envía la solicitud. Al residente le llega el único aviso de la aplicación que interrumpe con un diálogo: nombre, documento y a qué vivienda dice ir. Autoriza o rechaza con un toque y el vigilante lo ve de inmediato.

El plazo son tres minutos. Si se agota sin respuesta, la solicitud se marca como vencida y la portería sigue el procedimiento del conjunto. Hay alguien esperando de pie: el sistema no puede quedarse callado indefinidamente.

Por qué el código es un número y no un QR

Es la pregunta que aparece en toda evaluación, y la respuesta es operativa, no técnica. Generar un QR es trivial; hacer que funcione en una reja a mediodía, no.

El QR obliga a una secuencia larga: el visitante saca el celular, lo desbloquea, busca el mensaje donde estaba la imagen, sube el brillo y sostiene la pantalla frente a un lector. Cada paso tiene su forma de fallar. La pantalla rayada no se lee. El sol de mediodía sobre el vidrio del carro tampoco. La batería en cero cancela el intento completo. Y el visitante que iba manejando ahora está buscando un mensaje con la fila detrás.

Un código de cuatro dígitos se dice por la ventanilla sin bajar el vidrio del todo, se recuerda de memoria y no depende de que el celular exista. El vigilante lo digita en un teclado pensado para dedos, no para punteros.

La objeción razonable es la seguridad: un código corto se puede adivinar. Por eso es de un solo uso y tiene vigencia limitada. Un código adivinado que ya se consumió no sirve, y uno que venció tampoco. La ventana de riesgo real es estrecha, y a cambio la operación no se detiene.

El respaldo por cédula cubre el resto: es el documento que el visitante lleva encima siempre y que la portería está acostumbrada a pedir. No hay que enseñarle nada nuevo a nadie.

Los parámetros del módulo

Los tres números que definen cómo se comporta el control de acceso. Los dos primeros los ajusta el conjunto; el tercero es una decisión de retención de datos.

4 horas

Vigencia por defecto del código de visita. Configurable entre quince minutos y un día.

3 minutos

Plazo del residente para autorizar a un visitante que llegó sin anunciarse.

1 solo uso

El código se consume al validarse. Un segundo intento se rechaza indicando que ya fue utilizado.

Lo que ve la administración

El registro de visitantes deja de ser un renglón en un cuaderno y pasa a ser una serie de datos que se puede mirar en conjunto.

Aforo por día y franja horaria

Un mapa de calor en escala de grises que cruza el día de la semana con la hora. Muestra dónde está el pico real de ingresos del conjunto, que casi nunca coincide con dónde cree la administración que está. Es el insumo para discutir la programación de turnos con la empresa de vigilancia sobre datos y no sobre impresiones.

Cada gráfico del panel viene acompañado de su tabla con los mismos valores, para que ningún número exista únicamente al pasar el mouse por encima.

Histórico consultable

Quién entró, a qué vivienda, quién autorizó y en qué momento. Filtrable por fecha y por torre, exportable a CSV. Es lo que permite responder con precisión cuando alguien pregunta por un ingreso concreto, y lo que sostiene una reclamación cuando hace falta.

Pasados seis meses, ese histórico conserva el hecho y pierde la identidad: se explica en cómo se protegen y se retienen los datos.

Qué no hace este módulo

Conviene tenerlo claro antes de comparar contra un sistema de control de acceso físico, que resuelve un problema distinto.
  • No abre la talanquera ni la puerta. Mjestic no se conecta al hardware de acceso. Valida la autorización y deja el registro; abrir sigue siendo una acción del vigilante.
  • No lee biometría ni placas por cámara. No hay reconocimiento facial ni lectura automática de placas. La placa, cuando se registra, la digita el vigilante.
  • No es una lista negra ni un antecedente. El sistema no consulta bases externas ni califica personas. Registra quién autorizó qué ingreso y cuándo.
  • El aviso al residente es dentro de la aplicación. Suena y aparece mientras la aplicación está abierta. Con el celular bloqueado y la aplicación cerrada, la solicitud espera al residente adentro; no salta en la pantalla de bloqueo.

Preguntas frecuentes

¿Cómo funciona el registro de visitantes en Mjestic?

El residente preavisa la visita desde su aplicación y el sistema genera un código corto de un solo uso, del estilo V-8421, con una vigencia de cuatro horas por defecto. El visitante llega a la portería y da el código, o su número de cédula si prefirió no llevarlo. El vigilante lo digita, la pantalla muestra a quién visita y a qué vivienda, y el ingreso queda registrado. Si el visitante llega sin haber sido anunciado, la portería envía la solicitud al residente, que tiene tres minutos para autorizarla o rechazarla.

¿Por qué no usan código QR?

Es una decisión deliberada. El QR obliga a que el visitante saque el celular en la reja, encuentre el mensaje y ponga la pantalla frente a un lector. Con la pantalla rayada, el brillo bajo, el sol de mediodía o la batería en cero, eso no funciona, y cada intento fallido es un carro detenido con otros tres detrás. Un código de cuatro dígitos se dice en voz alta por la ventanilla y se digita en un teclado grande. La cédula funciona igual de bien como respaldo, y el visitante siempre la lleva.

¿Qué pasa si alguien intenta usar el mismo código dos veces?

El código se consume en el momento de validarse y no vuelve a servir. Un segundo intento devuelve que ya fue utilizado, no que es inválido: son dos respuestas distintas porque significan cosas distintas para el vigilante. Un código vencido, uno ya usado y uno que nunca existió tienen cada uno su propio mensaje en pantalla.

¿Y si el residente no contesta cuando llega un visitante sin anunciar?

La solicitud tiene un plazo de tres minutos. Si se agota sin respuesta, se marca como vencida y el vigilante lo ve en pantalla, de modo que puede seguir el procedimiento habitual del conjunto —citófono, llamada, o negar el ingreso según el reglamento—. El plazo existe para que el visitante no quede parado indefinidamente y para que la portería sepa cuándo dejar de esperar.

¿Se puede saber cuánta gente entra y a qué horas?

Sí. El panel de administración muestra el aforo por día de la semana y franja horaria, además del histórico de ingresos. Sirve para dimensionar los turnos de vigilancia con datos: si el pico real es el sábado entre las dos y las seis, la programación del personal puede responder a eso en lugar de a una impresión.

¿Qué pasa con los datos personales del visitante?

A los seis meses, el nombre, la cédula y la placa se retiran automáticamente del preaviso, de la solicitud de ingreso y del tramo de la minuta donde aparecían. Queda el hecho auditable: que hubo un ingreso, cuándo y quién lo autorizó. Es la aplicación del principio de temporalidad de la Ley 1581 de 2012 a alguien que nunca abrió una cuenta ni aceptó unos términos, y que sólo mostró su cédula en una reja.

Siga por aquí

Pruebe el control de acceso con sus propias torres

En la demostración cargamos las viviendas de su conjunto y recorremos los dos casos completos: la visita anunciada y el visitante que llega sin avisar.